TENTACIÓN….
La luna se alzó sobre el horizonte; grande y llena, resplandeciente; iluminando el sendero con su pálida luz argéntea. Era una noche cálida, el sol se había ocultado más tarde de lo habitual, por lo que su calor perduraba en el ambiente. A pesar de ello, hacía una ligera brisa, que se dedicaba a acariciar las ramas altas de los abetos, haciendo que bailasen al son de una silenciosa melodía.
El joven se levantó nervioso y se movió por la habitación, de un lado a otro. Demasiado inquieto como para tratar de calmarse. Hacía bastante tiempo que no la veía, y aunque se esforzara por evitarlo, las continuas ganas de acudir a su lado habían acabado por doblegar su voluntad. Por eso estaba allí, a pesar del gran peligro que conllevaba su presencia.
De pronto, la puerta se abrió con un suave murmullo, interrumpiendo el curso de sus pensamientos. El muchacho se detuvo y se giró casi al mismo tiempo, con elegancia.
Y allí estaba, junto a la puerta; tan inocente y dulce como cuando la abandonó, hacía ya varios meses. Su pelo rubio y rizado caía sobre sus hombros pálidos, cubiertos tan solo por un camisón de seda blanca. Sus ojos, eternamente verdes, se alzaban inocentes y tímidos hacia el, y sus labios… llenos y sugerentes, que le invitaban a caer en la más dulce de las torturas. Pero, pese a la fuerte tentación se contuvo. Una necesidad acuciante renació en su pecho, dolorosa e insistente.
- ¿Qué ocurre?- la niña se le acercó dudosa, pero un gesto por parte de él la detuvo.
- Es esta maldita sed se sangre…a veces- se detuvo abatido- no soy capaz de controlarme, y menos si te tengo cerca- sus puños se crisparon furiosos- Y lo intento, te juro que lo intento…pero al parecer soy incapaz.- se giró de nuevo para evitar el contacto visual.- N-no debería haber venido… ha sido una verdadera locura. – caminó hacia la ventana y la abrió decidido, dispuesto a marcharse.
-¡Espera!- la niña se mordió el labio desesperada. Quería que se quedase con ella, que intentara compartir con ella ese oscuro don… con todas sus consecuencias, aunque eso significase morir a sus manos. En definitiva, quería convertirse al vampirismo. Como él.
El joven se giró de nuevo y la contempló, con miedo en la mirada y todos y cada uno de sus músculos en tensión, más que dispuesto a huir. Pero no esperaba la reacción de la niña; ella le sonrió trémulamente y le tendió los brazos. Sus últimas barreras cayeron. El joven se dejó abrazar por aquella muñeca de trapo. Él, consciente de su estado de necesidad, se colocó de tal manera que la visión de su cuello de satén quedara fuera de su vista. La besó tiernamente en la coronilla y la acunó entre sus brazos, como tantas veces había echo.
-Hazlo. – Susurró en su oído.
En un principio el joven trató de apartarse, pero la jaula de los brazos de ella se lo impidió. -Hazlo…-repitió y esta vez movió la cabeza, dejando su cuello a la intemperie.
La resistencia del vampiro se desmoronó totalmente, la tomó entre sus brazos atrayéndola hacia sí. Sus comillos rozaron su piel erizada, y se demoró allí, sintiendo su corazón palpitar, su respiración…; cerró los ojos y la mordió. Su cuerpo tembló, sumido en un placer místico, peligroso e irrepetible. Su sangre era cálida, espesa y dulce… se apartó violentamente y ella cayó entre sus brazos.
-¿Qué he hecho?- masculló, mientras sus lágrimas empapaban el camisón de la niña, que se debatía entre la vida y la muerte. Finalmente cerró los ojos, y los abrió después, renaciendo a una nueva vida. Tiempo después, tuvo lugar una leyenda. Cuentan que, durante las noches de Luna llena, se pueden ver caminando por el sendero a dos figuras de la mano… son los hijos malditos de la historia…
Abi chan, qe sepas que te estoy haciendo SPAM de tu blog xDD
ResponderEliminarPA que te quejes ^^