A pesar de que se trataba de un lugar casi oculto en las montañas, era lo suficientemente conocido como para meterte en problemas.
Y así me había ocurrido a mi.
En el día de hoy me encontraba incomodamente sentada en un calabozo, a la espera de que la guardia de la ciudad me interrogara sobre mis asuntos en el dichoso pueblo.
Suspiré. Era cierto que mi estancia allí se debía a algo más que mera diversión, no obstante me parecía excesivo esas... ejem, medidas de seguridad.
-¿Piensas hablar ya, escoria?- Uno de los soldados rasos se acercó a mi prisión, y me miró receloso.
Enarqué una ceja, enojada.
- Quizá. Dame de comer, sácame de aquí y llegaremos a un acuerdo.-Contesté, con la mejor de mi sonrisas.
El guardia pareció dudar. Se giró a un lado y a otro, y después volvió a dirigirse a mi.
- Espera aquí. -Dicho lo cual, se marchó a paso veloz.
Poco tiempo después, volvió a aparecer, ésta vez, seguido de un oficial de alto rango.
Sonreí. Por fin las cosas tomaban un matiz diferente.
-Vaya vaya... por lo que veo, hasta las putas elfas tienen lengua. ¿Vas a contarnos que hacías aquí? -Me preguntó el oficial, acercándose hasta los barrotes que me tenían prisionera.
Me levanté, me quité la capucha que cubría mis ojos y me acerqué todo lo posible sin que mis ataduras me hicieran daño.
- Por supuesto oficial... Pero antes, os contaré una historia que hará que comprendáis toda mi misión.
Ambos hombres sonrieron, irónicos. Después, y carcomidos por la curiosidad, acercaron un par de sillas para escucharme.
Y así, comencé a relatarles mi historia...

Es una historia fabulosa!! ME ENCANTA^^
ResponderEliminarAunque a decir verdad, me has dejado insatisfecho, con ganas de mas y mas y mas y mas, sin parar... XDDD
Bueno, sigue escribiendo asi para encandilar a mas personas XDD
Besitos!